La calidad higiénica de la leche depende de cuántos microorganismos y residuos indeseados llegan a ella desde la ubre, las manos, los equipos o los recipientes. Una rutina de ordeño ordenada ayuda a reducir esa contaminación y permite detectar cambios en la leche antes de mezclarla con el resto.
La limpieza no termina al retirar las pezoneras o el balde: la leche también puede deteriorarse si queda tibia o entra en contacto con utensilios mal lavados. Por eso conviene cuidar toda la secuencia, desde la preparación de la vaca hasta el enfriamiento y almacenamiento.
Aporte de Radar Ganadero
En una finca de Costa Rica, empiece cada ordeño con manos y equipo limpios. Revise los primeros chorros de cada cuarto en un recipiente de fondo oscuro para observar grumos o cambios de apariencia; no los eche al tanque. Limpie los pezones cuando haga falta, aplique el desinfectante previo según su etiqueta y séquelos con papel o paño individual limpio antes de colocar las pezoneras.
Ordeñe primero las vacas sin señales de problemas y deje para el final las que tengan leche anormal o sospecha de mastitis, que es una inflamación de la ubre. Al terminar, desinfecte los pezones y enfríe la leche cuanto antes; si cuenta con tanque de frío, procure mantenerla aproximadamente entre 2 y 4 °C. Si no dispone de enfriamiento, coordine una recolección rápida y mantenga los recipientes tapados y a la sombra.
Tres errores frecuentes son usar el mismo paño para varias vacas, colocar pezoneras sobre pezones húmedos y confiar en que colar la leche reemplaza la limpieza: el colador retiene partículas, pero no elimina microorganismos. Esta semana, observe un ordeño completo y anote en qué paso se reutiliza un paño, queda un pezón húmedo o se demora el enfriamiento; corrija primero ese punto.
Para profundizar, puede consultar ILRI (International Livestock Research Institute) en ilri.org.
Para profundizar puede consultar a: ILRI (International Livestock Research Institute)



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